EL APRENDIZAJE QUE NOS DEJA LA MUERTE

07.04.2020

"La muerte es más universal que la vida. Todos morimos pero no todos vivimos" - Andrew Sachs-

Vivimos la vida como si cada momento, cada instante fuera insignificante. Nos dedicamos a filtrar la realidad, a quedarnos con aquellas pequeñas cosas que nos generan inquietud, ansiedad, miedo, incertidumbre de no saber que es lo que puede ocurrir, o nos aferramos a esos tiempos mejores o a lo que podíamos haber cambiado del pasado y no podemos cambiar. Y nos paraliza, nos deja inmóviles y destruidos por dentro, notando la ausencia.

Quizás lo único seguro en la vida es que todos vamos a morir antes o después, la cuestión es cómo queremos transitar por el camino de la vida.

Pocas veces son las que se habla abiertamente de la muerte, todavía sigue siendo un tema tabú y si se habla de ella seguimos intentando dulcificarla o negarla, especialmente a los niños, creyendo que así no sufrirán....pero ellos a diferencia de los adultos, no están condicionados y la aceptan con mucha mayor naturalidad, si bien, dependerá de cómo les enseñemos a gestionar esas situaciones de perdida, si les decimos que es algo terrible y que solo hay pena o dolor o si les enseñamos que la vida es única que esto que vivimos no es un ensayo y que tenemos que disfrutar y apreciar a las personas que están en nuestras vidas y aprender de ellas.

Pero ¿cómo podemos enseñar, si a nosotros nadie nos ha enseñado a gestionarla?. ¿Quizás deberíamos empezar por saber cómo nosotros afrontamos el miedo a la muerte o a la perdida?

Sabemos que la vida es transitoria y a veces demasiado fugaz y la muerte nos deja un halo de amor y dolor al mismo tiempo.

No podemos predecir cuando llegará ese momento, cuando sufriremos una nueva perdida y no podemos evitar que estas sucedan, pero una vez en esa situación podemos tomar dos actitudes. Quedarnos encerrados y peleándonos con lo que no podemos cambiar, ni podemos recuperar; O podemos sacar un aprendizaje de esta situación, no sin sentir la perdida pero sí aprendiendo de ella y volvernos más resilientes.

¿Y qué se puede aprender de la muerte?

La muerte nos enseña a apreciar y a valorar la vida en sí misma, a preocuparnos menos por tantas pequeñas cosas que quizás le damos demasiada importancia y que viéndolas con perspectiva, no eran tan importantes o esenciales como pensábamos y por ende, a valorar más lo que tenemos.

Nos enseña a expresar más lo que sentimos, no quedarnos en lo que pensamos, o en creer que los demás ya saben que los queremos y sentimos por ellos, sino en aprender a comunicar con más asiduidad lo que sentimos, sin tener tanto temor o vergüenza a decirlo y a veces no solo a decirlo, sino a demostrarlo de mil formas, a realizar pequeños gestos o detalles y a valorarlos más cuando los recibimos.

Nos enseña a valorar lo que es realmente importante en nuestro camino, a ver la vida con perspectiva, a pensar en si he realizado todo aquello que queríamos, si hemos conseguido sentirnos realizados y plenos con la vida que hemos elegido. O nos enseña a plantearnos el salir de la rutina en la que nos acomodamos, de dejar de intentar tenerlo todo controlado cuando es tan poco lo que podemos controlar y movernos hacia aquello que realmente valoramos, como el dar amor, ser generosos, agradecidos.... A ser ese motor que nos saque de nuestra insatisfacción y nos ponga a caminar en otra dirección, que nos lleve hacia aquello que no nos atrevimos ni a intentar.

Nos enseña a valorar lo que tenemos y todo lo que todavía podemos conseguir. Nos olvidamos demasiado rápido de lo que es soñar, crecemos y perdemos a ese niño que cree que ¡todavía es posible!, que mientras tengamos vida, aún tenemos oportunidad de conseguirlo. Aunque a veces nos cueste saber qué es lo que realmente queremos, y olvidamos de lo que puede o no ocurrir, de aquello que nos ata y nos condiciona para no intentarlo, del qué dirán, de lo que los demás esperan de nosotros ... de tantas cadenas invisible que arrastramos sin ser plenamente conscientes de ellas.

Y eso no resta para que el camino, no sea sencillo ni fácil, ni nos garantiza lograrlo, la seguridad no existe, lo que sí que existe es la posibilidad de intentarlo y de seguir caminando mientras tengamos vida y probar una y otra vez y a valorar que al menos no nos rendimos y que lo intentamos.

Nos enseña a apreciar lo que aporta cada persona que aparece en nuestra vida, a sacar ese aprendizaje de los que han compartido algo con nosotros, sea positivo o no, nos dejan una lección que aprender y es tan importante aprenderla como vivirla, si nos dañaron también aprendemos, aprendemos aquello que ya no debe estar en nuestras vidas y crecemos si somos capaces de comprender la lección.

"Cada persona que pasa por nuestras vidas es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no nos dejarán nada. Esta es la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad."                              - José Luis Borges- 

Lo que no nos quita la muerte, es el dolor, el sentir el vacío o la pérdida y este proceso suele llevar aparejada una serie de etapas. Estas etapas pueden seguir un orden, mezclarse o algunas de ellas no experimentarse, ya que dependerá mucho del concepto que tengamos de la muerte y cómo lo procesemos. Vamos a repasar estas fases:

En la etapa inicial se produce una crisis, es como si se tratara de un salto al vacío, lo que hoy teníamos ya no está, a veces es tan grande el impacto emocional que nos cuesta creer lo sucedido y lo experimentamos como una sensación de irrealidad que va muy de la mano de la segunda etapa.

La segunda fase es la negación, no querer aceptar lo que ha sucedido. Podríamos decir que es como si fuera un mal sueño o como si estuviéramos en una película, no queremos admitir lo que en nuestra vida está pasando y no podemos aceptar que no volveremos a compartir momentos, ni conversaciones, ni abrazos, ni besos...

Cuando vamos asumiendo la situación entramos en la tercera fase, el enfado, podemos pensar que no es justo... ¿Pero qué es justo? ¿A caso es un tema de justicia o injusticia o es simplemente una parte más de la vida? Es natural enfadarnos con todo o con todos, pero nada cambiará lo ocurrido, no podemos modificar el pasado aunque a veces daríamos lo que fuera por tener un momento más, o tener una barita mágica y cambiar aquello que hiciera en que no desembocara en ese final, ¿pero cómo cambiar aquello que no se puede?

Todo ese enfado y esa rabia nos lleva a la desesperación y la impotencia y nos puede llevar a la cuarta etapa, la tristeza o la depresión. Sentir tristeza es un sentimiento acorde y necesario para liberar la emoción, para soltar ese enfado, esa rabia, esa impotencia o injusticia de lo que ha sucedido y tiene que llevar su tiempo. Es como caer al mar o que te tiraran de golpe y te encontraras abatido debatiéndote con las olas por encontrar la orilla, pero muy cansado y agotado, viendo como poco a poco empiezas a ver la orilla.

Pero a veces esa tristeza que es necesaria, se vuelve demasiado intensa si no sabemos cómo salir de ella y en vez de empezar a nadar para llegar a la orilla, comenzamos a sumergirnos en lo más hondo del océano y muchas veces sin permitir que nadie se acerque, ni siquiera a intentar salvarnos. Nos hundimos y nos asilamos, y rara vez subimos a coger aire y cuanto más tiempo permanezcamos en esa fase, más difícil será subir de nuevo a flote, pudiendo llegar a un estado de depresión o anhedonia*.

Y en esos casos debemos permitir a los demás que se acerquen y que nos enseñen a continuar subiendo a la superficie y nos animen a nadar hasta la orilla, en ocasiones nos servirá contar con nuestro entorno, amigos, familia... en otras ocasiones será necesaria la ayuda profesional.

La quinta etapa se denomina Aceptación, no resignación, ojo con confundirlo. Resignarse es quedarse inmóvil, es creer que no se puede hacer más... Aceptar es aprender a sacar provecho de lo que tengamos, por poco que sea... La aceptación significa reconocer y aprobar nuestra experiencia emocional, nuestros pensamientos o nuestros sentimientos. Tiene que ver con tratarnos con cariño y compasión a pesar de no ser perfectos. De poder recomponer los pedazos.

Y por último, podemos empezar a sacar esos aprendizajes que nos permitan crecer y seguir valorando la vida con más intensidad y aprovechar el momento presente, cada instante y cada pequeño detalle, olvidarnos del pasado y de lo que no podemos cambiar y a no preocuparnos tanto por lo que pasara o ocurrirá, cuando no podemos predecirlo, pero podemos ir dirigiendo nuestro futuro incierto y aprender a vivir.

El miedo a la muerte viene del miedo a la vida. Un hombre que vive plenamente está preparado para morir en cualquier momento.

-Mark Twain-

El duelo, en el Coronavirus y su proceso en la cuarentena

Si bien, el duelo de la perdida por las personas que no han logrado superar el Covid-19, nos dejan otras secuelas con ciertas diferencias al duelo descrito.

Afrontar la pérdida en la lejanía: alejados de las personas enfermas, de nuestra familia, de nuestros amigos... sin poder despedirnos en muchas de las ocasiones, esperando que hayan encontrado esa mano bondadosa de algún enfermero, médico, auxiliar.... Alguien que al menos haya podido acompañarlo.

Y añadimos el aislamiento de las personas que convivían con la persona fallecida, que ahora se encuentran expuestos a la posible enfermedad y sin poder tener a su familia ni en ocasiones afrontar el duelo en sí mismo, debido a que están luchando también por sus vidas.

Todo esto hace que necesitemos otras herramientas para gestionar la situación y para saber cómo afrontarla.

Aprender que, aunque en la distancia, podemos despedirnos de la persona querida. Podemos dedicarles unas palabras, decírselas como si la persona estuviera ahí, escribir una carta de despedida, realizar un homenaje por todo lo que nos ha aportado y enseñado en nuestra vida. Hay mil maneras de rendir homenaje a una persona que estuvo ahí... pero no solo desde el dolor, también desde la gratitud de haber tenido la suerte de que haya sido parte de nuestro camino.

Y con los familiares aislados, que también sufren como nosotros, que la distancia no nos quite el poder estar en contacto, el seguir apoyándonos, aunque no sea mediante un abrazo. No podemos luchar contra la situación , pero sí sacar provecho de las tecnologías, aprovechar para que ese apoyo no se pierda y sigamos en contacto, no solo para llorar la muerte, que es necesario, sino para recordarnos que nos queremos, que seguiremos ahí cuando pase la tormenta, más fuertes y unidos.

"Después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida"

- Mario Benedetti-

*Anhedonia: (del griego ἀν- : an- «falta de» y ἡδονή : hedoné «placer») es la incapacidad para experimentar placer, la pérdida de interés o satisfacción en casi todas las actividades. Se considera una falta de reactividad a los estímulos habitualmente placenteros.